De cómo las drogas han impactado nuestra historia reciente…

Guerra-del-OpioLos historiadores suelen narrar las guerras haciendo referencia a tanques, crisis económicas o sociales. Sin embargo, en pocas ocasiones se hace hincapié en el impacto que pueden llegar a tener otros fenómenos, seguramente tabú en su exposición, como es el consumo de drogas. Este mes vamos a poner el acento en dos eventos históricos que estuvieron fuertemente condicionados por el consumo de drogas por una parte de la población, y que entiendo que nos debería invitar a reflexionar.

El primer evento fue la Guerra del opio, que mantuvieron la China e Inglaterra entre 1839 y 1842. El opio era introducido en China vía la India, y para Inglaterra era una importante fuente de ingresos, que equilibraba la balanza de pagos deficitaria por su fuerte importación del té. Sin embargo, China prohibió el comercio del opio por la importante cantidad de adictos que este opiáceo generaba, con el consiguiente impacto sanitario y social. Este veto provocó el envío de tropas británicas a Hong Kong y una contienda de la que resultó vencedora Inglaterra, obligando a la apertura de varios puertos chinos al comercio internacional. Es decir, una cultura milenaria y multitudinaria (411 millones de habitantes en esos momentos) sucumbió ante una cultura mucho más reciente y minoritaria (alrededor de 18 millones de habitantes) por un hecho fuertemente ligado a una adicción.

El segundo evento, referenciado recientemente por el historiador Norman Olher en su libro “El gran delirio”, fue el consumo masivo de pervitín (metanfetamina de cristal) por las tropas alemanas durante la II Guerra Mundial. Este hecho hizo que sus soldados destacaran por su crueldad, incluso dentro de lo que se puede ver en cualquier guerra. De nuevo, una adicción hizo que si algo iba ya mal, todo fuera a peor.

Estos dos hechos nos deberían recordar, tanto a médicos como pacientes y ciudadanos, de la importancia de valorar si el consumo de drogas legalizadas, como son opiáceos y especialmente, benzodiacepinas, es siempre necesario, y sobre todo adecuado. Recordamos que el consumo continuado de estas sustancias cambia la estructura de la corteza cerebral, y que somos responsables tanto de nuestra salud como de los efectos que esta puede tener en nuestra sociedad y la de nuestros hijos, especialmente teniendo en cuenta que España es el país del mundo donde más se consume Trankimazin, Noctamid y Orfidal. Cuatro veces más que en Alemania o Reino Unido. Todo esto sin incluir el resto de principios activos del mismo grupo terapéutico, con idénticos efectos ¿De verdad no nos estamos planteando si estamos teniendo un problema de adicción masiva? A vosotros reflexionar sobre este tema a lo largo de este mes…

Texto: Victoria González de Buitrago Martínez

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